¿Nunca habéis notado que hay cosas o lugares que unen a personas que no tienen nada en común?
Uno de eso lugares es el Santuario de la Virgen de la Vega (Alcalá de la Selva). Este pequeño paraíso , que aparentemente puede parecer un sitio de devoción o una de tantas ermitas que hay en los pueblos, deja su función religiosa para convertirse en un símbolo de unidad de personas y pueblos que tienen en común el amor por “la Vega” más allá de sus convicciones políticas, morales o religiosas.
Es tal el poder de esta Virgen que gente que no cree en Dios, no pisa la iglesia en todo el año o se autodenomina ateo, se acerca a la ermita a escuchar la misa e incluso dona dinero para reparar el santuario.
El 8 de septiembre se celebra la fiesta de la Virgen y miles de personas se congregan en la ermita, donde piden por sus familias.
Siento el santuario como mi refugio personal cuando quiero alejarme de lo que me rodea y encontrarme a mí mismo.
Pablo Edo Castro (1º BCS)